Y encontramos que todos sus esfuerzos, sus indicaciones y sus impulsos para sobrevivir iban en la dirección de ser mejor y de hacer mejor las cosas. Seguían surgiendo, seguían surgiendo. Y esa dirección -hacia arriba- no tiene límite. Evidentemente no hay una cima máxima de elevación.
En otras palabras, la raza humana se puede elevar a sí misma y sin la ayuda de nadie.
Si tratas de empeorarlo para mejorarlo, siempre fracasarás. Si simplemente te tranquilizas en relación a todo esto y reconoces en tus semejantes una disposición a hacer estas diversas cosas, tiene lugar algo muy singular: inevitablemente lo mejoras.
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